¿Tienes una buena salud dental? Quizás tu hijo pueda solucionarlo

Entre el 50 al 90 por ciento de escolares de todo el mundo tiene alguna caries.

Según la Encuesta de la Organización de Salud Oral realizada en el 2015, uno de cada dos jóvenes españoles de entre 12 a 15 años tiene caries en dientes definitivos y uno de cada 3 niños de aproximadamente unos 6 años tiene caries en dientes de leche. Son datos que se dieron a conocer esta misma semana. Por eso parece interesante dedicar un comentario a nuestra “mala” boca.

Ortodoncia interceptiva infantil

Esta se puede realizar entre los 6 y 12 años, y con ella hacemos que se controle la posición tanto del maxilar superior y de la mandíbula. El aparato se va adaptando al rápido crecimiento del niño, y por ello el resultado es en la gran mayoría de las ocasiones casi perfecto. También sirve para controlar hábitos como la succión del dedo u objetos, así como una deglución atípica.

Si necesita más información sobre este tratamiento puede consultar en Sonría clínica dental.

Las caries en los más pequeños

Después de la gripe, son las caries una de las enfermedades más comunes en la especie humana; pero no tomamos conciencia de que es un foco infeccioso que se instala en la boca.

El proceso de las caries es sencillo. Todo lo que comemos y especialmente las harinas refinadas y algunos azúcares se van quedando en la superficie de las piezas dentales. (Los de textura pegajosa son mucho más peligrosos).

En la boca tenemos una serie de bacterias que forman una especie de red sobre la superficie dental. Esa red tiene como misión atrapar algunos gérmenes y, sobre todo, los restos de comida que les van a servir de alimento propio. Y entonces gracias a otros elementos químicos y algunas enzimas degradan esos alimentos dejando como residuo una serie de ácidos que van a atacar frontalmente la pieza dental. Estos ácidos predisponen el ataque al esmalte, la parte más dura y que protege el diente.

Si logra perforar ese escudo protector, el camino queda abierto para los gérmenes. Entran en la dentina y allí las bacterias están a sus anchas. Tienen todo lo que necesitan para crecer y multiplicarse, calor, humedad… El paso a la pulpa ya es mucho más sencillo, porque no encuentran la más mínima resistencia.

La infección se instala. Luego llegará el dolor, que pese a todo, es lo de menos. Lo importante es que en ese auténtico agujero producido en la pieza dental hay una infección que puede quedar ahí o buscar otro lugar cualquiera.

Si pensamos en el proceso de cómo se relacionan la caries, parece claro que para luchar contra ella hay 3 posibilidades:

  • Eliminar de la dieta todo aquello capaz de formar la placa bacteriana. (Sumamente difícil).
  • Mantener siempre limpia la pieza dental, lo cual es prácticamente imposible.
  • O, si se forma la placa, tener una esmerada higiene que la destruya diariamente… (También se puede ayudar al diente con flúor para añadir un escudo protector).

Sólo caben esas posibilidades. Y cómo son difíciles de aplicar por separado, lo ideal es luchar en los tres frentes.

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